Entrevista con Susan Campos: “Siento que hay que desbordar las categorías”

Trayectoria personal.

Susan Campos es musicóloga y compositora, profesora de la Universidad de Costa Rica. Obsesionada con los estudios de las tecnologías o de una cultura tecnológica o la posibilidad de unas culturas tecnológicas decoloniales en Latinoamérica que nos permitan romper con todas las ataduras del sistema neoliberal, de la innovación que nos tratan de imponer desde las transnacionales.

Conceptualizando la Música Experimental.

En el tema de la música experimental lo primero que tenemos que hacer es ubicar históricamente cómo se construyó el concepto. Mucha gente nos lleva hacia Estados Unidos, Nueva York, Michael Nyman y cómo él utiliza esta terminología para dar nombre a una comunidad que estaba explorando a través del sonido, a través de diferentes soportes y espacios, técnicas y formas, la creación musical de su tiempo.

El año pasado publicamos un libro con Oxford University Press que trataba de deconstruir esta narrativa y hablar de prácticas experimentales en América Latina. En este libro  tratamos de plantearnos esta pregunta: ¿Qué es la música experimental? y específicamente, ¿Qué es una música experimental a partir de un pensamiento situado en América Latina? Y claro, eso significa que para pensar la música experimental lo primero que tenemos que hacer es analizar qué tipo de relatos genealógicos justifican qué entendemos por experimentación en términos de innovación, de invención, los vínculos que pueda tener con mediación tecnológica x, sea electrónica, digital o analógica y las ideas o la investigación, que se procese o se geste dentro de esa búsqueda.

Su investigación: Estudios sonoros tecnofeministas y post-indigenismo ruidista.

En relación a los estudios sonoros tecnofeministas, se vinculan mucho con esta reflexión acerca de qué es experimentación en América Latina y, además, muy motivada e inspirada por los movimientos tecnofeministas que están dándose ahora en América Latina o que están siendo producidas por artistas latinoamericanas. Entonces, en líneas muy generales lo que estoy tratando de pensar es cómo lo que producen, piensan, crean las artistas latinoamericanas que trabajan con tecnología, puede deconolonizar el pensamiento y la producción tecnológica y científica a nivel mundial. ¿Qué es lo que podemos aprender de lo que están haciendo las mujeres ahora con tecnología en América Latina? ¿Cómo lo están pensando? y ¿Cómo eso puede decolonizar la manera en que se piensa la ciencia, actualmente?

Es necesaria una reflexión de porqué seguimos recurriendo a los mundos audibles indígenas para renovarnos, para reconsiderar qué entendemos como experimentación, invención e innovación en el pensamiento en general y cómo esto está presente en la creación sonora. Y, además, cómo ese pensamiento ruidista implica una desobediencia epistémica, que puede ser trasladable a los estudios en filosofía de la cultura y la tecnología. Lo que comenté en mi conferencia era que de alguna forma, este proceso de pensar decolonialmente o de deconstruir el indigenismo y pensar en un post-indigenismo decolonial podría darnos nuevos insumos para considerar en qué medida escuchamos humanamente y qué es lo que hemos entendido como no humano, en otros espacios cognitivos, en otras maneras de construir epistemes, de conocer y de saber y cómo esto afecta nuestro propio diseño de agentes inteligentes en este momento. Ahí hay un vínculo con este estudio sonoro tecnofeminista. Hay una posibilidad de que el pensamiento artístico pueda producir otros entornos metodológicos y teóricos para pensar la tecnología. En este caso un ejemplo que puse fue el de la robótica mestiza, un proyecto de la Universidad 3 de Febrero, de su laboratorio de artes electrónicas e inteligencia artificial. Si el arte y la ciencia definen lo que entendemos como humano,  ¿Qué sucede cuando empezamos a cuestionar los parámetros a partir de los cuales Occidente ha pensado lo humano. Creo que ahí el ruidismo post-indigenista puede darnos herramientas deconstructivas fascinantes.

Acerca de la música experimental latinoamericana.

Yo creo que lo que existe son comunidades, personas que se agrupan, comparten experiencias, pensamientos, maneras de hacer, tecnologías, espacios que hacen lugar para. Sin embargo, sí se han construido centros que han institucionalizado o han tratado de institucionalizar una manera de entender formas de hacer. Sea bajo la égida del arte sonoro, de la música electrónica o de la música electroacústica, muy vinculados con los modelos de laboratorio que se construyeron en Europa o Estados Unidos con este propósito. Creo también que los movimientos más radicales no siempre están en estas instituciones, sino que las desbordan o están fuera y que eso implica maneras distintas de hacer o de pensar. La academia suele cometer el error de creer que sólo ella tiene un método o un enfoque teórico. Yo creo que hay otras maneras de hacer y de pensar la experimentación que están fuera de la academia. En este libro “Experimentalismos en la Práctica” planteo esta tesis y hago un estudio de caso en Costa Rica de cómo sucede esto.

Las comunidades digitales.

Microcircuitos en su momento trató de abrir este espacio para que las personas pudieran compartir qué era lo que estaban haciendo o conocerse, pero igual cuando uno ve el producto en perspectiva de los años te das cuenta de que seguían siendo estas mismas comunidades o redes de influencia entre ciertas personas y sus grupos de impacto personal directo. Creo que la parte personal sigue siendo algo fundamental para construir comunidad y pensamiento en la experimentación. No creo que sólo el vínculo a través de las redes de internet sea suficiente, creo que hace falta sentarse, tomarse un café o un mezcal si estás en México y a plantearte preguntas y dialogar sobre esas preguntas. Creo que las redes funcionan para escucharse, para escuchar que están haciendo otras personas, para conocer qué es lo que están produciendo, para leerse, quizás para mutuamente enamorar de los procesos que están realizando otras personas. A mí me pasó con Feminoise Latinoamérica, cuando Maia Koenig creó la primera antología, no nos hubiéramos conocido esas 60 creadoras si Maia no nos hubiera reunido en este álbum que está disponible en Bandcamp. A partir de ahí y de las redes sociales, los grupos empezamos a conocernos mutuamente, pero sí creo que existen comunidades, personas o espacios.

Me parece que hay una parte de lo efímero, de lo poroso que también hay que considerar. Hay personas que entran o salen de estos espacios no necesariamente de manera sistemática, creo que ese flujo también debe ser considerado a la hora de pensar que está pasando en América Latina y los vínculos que hay a nivel de flujos migratorios, cómo las personas se mueven entre países, cómo viajan a otros lugares del mundo, cómo su obra tiene presencia en otros lugares del mundo. Porque también hay una realidad, muchas veces lo que hacemos no siempre es apreciado en nuestro contexto directo, sino que empieza a tener un sentido y un valor fuera de nuestro país. Entonces esta idea de desbordar los márgenes creo que es importante tomarla en consideración a la hora de hacer un estudio de las prácticas experimentales sonoras en América Latina.

Recomendaciones de venues, instituciones musicales.

Creo que la red de centros culturales de España es una fuerza de tejido muy potente, si se quieren hacer cosas en Centro América. El otro sería Teorética, yo creo que Teorética también es un espacio interesante. Hay otro lugar que se llama Despacio que también suele hacer actividades. Han empezado a gestarse casas donde la gente recibe artistas y les dan una oportunidad de que hagan una residencia, le da un lugar donde estar, les da alimentación y les ayuda a gestar su trabajo. Y bueno, soy profesora de la Universidad de Costa Rica y mientras yo esté en la Universidad de Costa Rica procuraré que esos espacios estén siempre abiertos para recibir la disrupción.

Cuando en 2016 se celebró la Bienal Centroamericana, me di la tarea de investigar qué mujeres estaban haciendo música con medios electrónicos. El proyecto se llamó Uncanny Valley Project, está en la página de la Bienal Centroamericana de 2016, ahí aparece un SoundCloud con una playlist. Hay artistas sonoras, hay chicas que hacen Trip Hop, que hacen Electropop, que hacen Noise, que hacen Electroacústica, incluso Trap de América Central. Yo les recomendaría que se sumerjan un poco en el Soundcloud de la Bienal, se llamó Ex Sonora, ahí podrían ver un poco qué era lo que estaban haciendo en ese momento.

Costa Rica ha variado, se ha creado un movimiento. Hay un programa fantástico que les recomiendo, creo que es una buena guía para conocer gente, se llama Audiotopia, es producido por Randall Zuñiga, y es un programa del sistema de radio y televisión nacional de Costa Rica.

Tenemos que quitarnos los prejuicios entre géneros que utiliza la música electrónica. Hay ciertas jerarquías y creo que eso también viene del mundo de las masculinidades electrónicas que han gobernado el mundo de las músicas con medios tecnológicos a nivel mundial. Hubo un artículo que tengo en una columna de una revista española, llamada Inquire Magazine. Esta columna se llama Feminoise Latinoamérica, donde yo hablaba de esto. Yo creo que hay una cultura masculina, una especie de masturbación tecnológica constante, yo y mis juguetes, yo y el último aparato que me compré. Todo circula alrededor de ese continuo exhibicionismo falogocéntrico de sus aparatitos y luego escuchas lo que hacen y es todo lo mismo. Hace falta una discusión de ideas y de procesos.

Creo que también los hombres han estado muy acostumbrados a dominar el discurso, los espacios, dominar y dirigir las instituciones, diseñar los programas de trabajo, bajo su cánon y sus necesidades falogocéntricas. Todavía no hemos podido cambiar este fenómeno. Hay mujeres increíbles como Ana María Romano quien a través de su Festival En Tiempo Real ha querido abrir otras discusiones transfeministas.

Lamentablemente, tengo que decir que sigue siendo un mundo donde hay un discurso alrededor de “yo y mis amigos en la noche reunidos en un bar haciendo ruido, soy muy extremista y soy un chico muy radical y muy macho” y carente de sofisticación en su discurso y sino, “soy tan sofisticado y tan hipster y tengo una colección de vinilos increíble y vean como produzco mis cosas”. A mí eso me aburre muchísimo. En gran parte, por eso es que mi posición es definitivamente tecnofeminista. Prefiero dedicarme a escribir sobre lo que están haciendo las mujeres que me parece muchísimo más radical, me parece que tienen un compromiso social y político. Creo que desbordan los mundos que se han establecido entre arte y artesanía, por ejemplo Corazón de Robota que es increíble. Gracias a mis amigas de Feminoise México, conocí a de la Puta Electronics. Creo que hay mujeres latinoamericanas haciendo cosas increíbles a nivel de tecnología. Aquí en México tienen a Rosana Lara que cuestiona mucho porqué cuando hacemos estos estudios dicen que tienes que hablar de lo sonoro. Estamos hablando de tecnología, estamos hablando de filosofía, estamos hablando de crítica política. Y sí, la sonoridad es parte de la materialidad con la que construimos nuestro discurso, pero no es la única vía.

Reflexiones finales.

Hace falta una plataforma establezca un espacio y lineamientos para comunicar, que haya personas que se dediquen a construir discurso, se dedican a gestionar, a producir artísticamente un evento, una red. Creo que el gran reto está ahí, porque la gente está produciendo, pero están en su casa con su compu, producen y suben y esperan que les llegue del cielo y las cosas no son así. Hace falta alguien que vaya, que busque, que encuentre, que haga una curaduría no para ver quién es mejor que otras. Hace falta una curaduría de contenidos a nivel de qué está pasando, qué está sucediendo. Creo que la academia puede ayudar mucho, que los estudios académicos deben empezar a trabajar esta idea de transferencia social de conocer esto y sobre todo con ese valor agregado que creo que es: ¿Cómo se está pensando la tecnología desde América Latina? Me parece que si seguimos atadas al mundo del arte sonoro, la música electrónica y la música electroacústica no vamos a arrancar. Es un mundo terriblemente onanista. Se ha manejado como un círculo cerrado durante mucho tiempo, por ciertas comunidades de poder y me parece que necesitamos romper con eso y para poder romper con eso, empezar a generar un discurso donde haya una gestión o una curaduría que realmente analice, observe, considere.

Creo que hace falta también una discusión, hacen falta espacios donde se reseñen las cosas, donde se hagan entrevistas, donde se discuta qué estamos haciendo, por qué lo estamos haciendo, cuál es nuestro pensamiento de lo que está pasando a nivel político, económico y social. No solamente yo y mis amigos somos muy listos y vean todo lo que hacemos. Yo creo que hay que romper con eso, es urgente. Es necesaria una plataforma que se abra donde musicólogas, musicólogas, etnomusicólogos, estudiosos del sonido, gente de filosofía, gente de ciencias sociales, estudie, escriba, analice, donde se pongan en red los proyectos de posgrado, artículos de prensa. Casi como un repositorio dedicado a pensar la experimentación en este sentido a nivel de América Latina.

Siento que hay que desbordar las categorías. No puede ser que porque es electropop no lo voy a poner a lado de noise. La tecnología es lo que nos une, ahora cómo pensamos la tecnología, desde dónde, empecemos a cuestionarlo. Pero hay que deshacer esas gremialidades, porque creo que son absurdas, fueron una herencia del siglo XX de ciertos gremios, pero ahora mismo no. Tú puedes hacer electropop, puedes hacer electroacústica, puedes hacer noise, puedes hacer lo que tú quieras. El tema es: ¿Qué es lo que estás pensando? El asunto es: ¿Qué es lo que estás investigando? Ésa es la gran pregunta. ¿Qué es lo que estás pensando, qué te mueve?

 

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