Entrevista con Otto Castro: “El sonido es una proyección de uno mismo”

 

¿Cómo defines la música experimental?

La música experimental tiene que ver con un concepto un poco más desde la percepción, desde la experiencia y ya no tanto como una situación tan planificada y estructurada de la música. Ahí habría que separ el arte música del arte sonoro, porque el arte musical tiene de alguna forma ciertas reglas, ciertas estructuras, configuraciones muy precisas de cómo se hace cierta música. Y a veces el arte sonoro, tiene un territorio totalmente desdibujado en donde podemos intervenir con metodologías muy diversas, desde la etnografía, metodologías que vienen del cine, metodologías que vienen de la autorreferencia, etc. Es un territorio que me gusta más porque es mucho más relajado, en donde uno puede experimentar y puede encontrarse a sí mismo dentro de la obra. O sea, el sonido es una proyección de uno mismo y a partir de eso puedes tomar diferentes tipos de senderos y de experiencias, que básicamente lleven a eso a lo experimental, a la experiencia, a lo vivido a partir de la obra.

Cuéntanos brevemente tu trayectoria profesional y escena experimental costarricense.

Yo me considero un pionero de la música electroacústica costarricense. Fui uno de los primeros que hizo varios número de festivales y llevó mucha gente a Costa Rica. Antes de 1996, la situación de la electroacústica en Costa Rica era bastante estéril y desértica. Sí tenemos dos grupos que son Electro Tropical y Auto Perro, que son legendarios, pero después de eso hay muy pocas participaciones, tal vez alguna música en algún video, en algún documental, mínimo. Pero la escena se comienza a activar a partir de muchas de las cosas que yo comencé a hacer y comenzaron a unirse muchos grupos y a darse diferentes tipos de talleres y cursos, en donde se formaron gente que hoy por hoy es la que tiene la dinámica del arte sonoro en Costa Rica. Por ejemplo, pienso en José Duarte con extremos sonoros, que fue mi alumno, pienso en Sergio Weisenberg, que también fue mi alumno, mucha gente que comenzó a interesarse a crear diferentes espacios y eso dinamizó hoy por hoy un espacio muy dinámico, un espacio que tiene muchas capas, que sigue trabajando desde la barricada, desde la institución. Eso es difícil, va a llevar un tiempo para que se pueda lograr. Pero hoy por hoy hay un panorama bastante interesante con respecto al arte sonoro.

¿Cuál es una problemática que tal vez señalaría? Que hay muy pocas mujeres en la música del arte sonoro en Costa Rica son escasas. Susan Campos como musicóloga ha venido estudiando ese fenómeno, pero creo que hay que dar un paso más allá y convertirla un poco más parecida a la escena mexicama, en donde hay colectivos y hay dinámicas y sinergias muy particulares entre grupos de mujeres y eso creo que es una lucha a poder solventar.

Fue importante crear Oscilador, fue el primer grupo, porque así se conformó una base, aunque eran puros hombres, y sobre esa base se fueron construyendo otras cosas. No es que comienza todo de una vez, sino que son pequeños pasos que se van aunando y eso va construyendo otras visiones y esas visiones pueden ser críticas con respecto a las primeras. Por ejemplo, Susan hizo un gran aporte, en un momento determinado dijo “Bueno, ¿dónde están las mujeres? Y comenzó a investigar cuáles mujeres y se dio cuenta que las mujeres en Costa Rica no necesariamente venían de una escuela muy determinada de música electroacústica con ciertas maneras de hacer la música, sino que muy posiblemente esas mujeres venían del ámbito de la música bailable y entonces comenzaron a integrarse en un colectivo y a presentarse. Entonces, esto es importante porque va siendo como toda una disidencia y un campo mucho mayor de diálogo entre lo que es el arte experimental y no te quedas solo en un grupo pequeño de hombres que dice que exactamente esto es música y lo demás no. Crea toda una diversidad importante.

Hace unos años formé el Laboratorio Translab, que tenía que ver con un chico que en esa época se llamaba Iván, pero ahora se llama Eve o Eva y entonces tenía que ver con el concepto de lo trans, de no quedarse en una posición binaria, sino ir de diferentes puntos como navegando a la deriva. De esa manera, los chicos que participaban dentro de este taller y hacían música podían pintar los que pintaban podían interpretar también o aprender a programar cosas muy básicas e ir improvisando dentro del mismo colectivo.

¿Qué piensas de la escena experimental latinoamericana?

Alrededor de festivales se hacen grupos, se hacen colectivos y se hacen también festivales y diferentes encuentros o dinámicas, que permiten poder dialogar, poder compartir entre diferentes pares y eso va a crear otros proyectos. Muchas de todas estas cosas nacen desde la barricada, desde lo informal, pero aquí en México tenemos la diferencia en que muchos de los movimientos han salido desde las propias instituciones y eso favorece mucho. Porque no es lo mismo hacer un festival o un encuentro desde afuera, que desde dentro de una institución con fondos y con ciertos recursos que te permiten aunque sea mínimo poder tener cierta estabilidad. Creo que sí hay escena, aunque es muy cambiante y es difícil vivir de ella, pero sí existe y la gente que está allí de alguna forma va proponiendo ciertos caminos de manera bastante vanguardista.

¿Cómo aportan las comunidades digitales en la cohesión de la escena experimental latinoamericana?

La cultura digital ha venido a democratizar mucho de la información, mucho del acceso. Por ejemplo, pensemos en los años ochentas, que fueron mis décadas, cómo poder formarse como músico electroacústico era imposible, no tenías acceso ni siquiera a video o a música. Alguien quizás conseguía un disco y te lo pasaba o lo tenia por ahí. Ahora todo este tema de la tecnología, de las TIC’s, ha sido una catapulta impresionante, una plataforma impresionante. Y ni hablemos de todo el tema de los Creative Commons y de todo el tema de las comunidades libres que te permiten poder accesar inclusive a programas, pensemos en Pure Data, en Chonco, en SuperCollider que antiguamente no podías accesar a ningún tipo de tecnología así. Yo me acuerdo en los ochenta que quería usar algunos programa del IRCAM, primero la dificultad de poder conseguirlos, y segundo lo que costaban esos programas para poder tenerlos, eso te frenaba mucho. Yo creo que ahora tenemos una dificultad de un exceso de información y de acceso a diferentes cosas y lo más difícil es poder escoger de ahí qué exactamente queremos. Creo que eso lo va a marcar la búsqueda personal y lo que más me interesa a mí o lo que más veo y me esperanza es que se puedan hacer producciones que parte de la localidad al mundo y eso es muy interesante. No que sea como en los años ochenta que buscábamos de alguna forma parecernos a Dumond y a Trevor Wishart y a diferentes tipos de autores que seguíamos y tratar de sonar así como aquel, la escuela del IRCAM o la escuela belga; sino que más bien lo interesante sea ver primero, por un lado, cómo sonamos nosotros dentro de cada localidad. Por ejemplo, pienso en Centro América, cómo suena Centro America, cuáles son sus problemáticas, cómo suena ese país y qué condiciones tecnológicas tiene para que sus músicos se desarrollen. Y, por otro lado, últimamente se ha venido desdibujando la frontera entre la música académica electroacústica y la música más alternativa o popular, pienso que no debe haber fronteras ahí.

Han habido iniciativas, pero son iniciativas que duran muy pocos años y ya no hay dinero y ya no se dan más. Lo más importante, lo más fuerte han sido las uniones de amistades y de comunidades que se van conformando alrededor de gustos similares, eso es lo más fuerte qué hay. Son redes que no nacen básicamente con un proyecto, sino que se va dando en el momento a partir de ciertas inquietudes; por ejemplo, inquietudes de Hello Word, de mujeres que tienen iniciativas o piensan cosas similares o tienen ciertas sinergias para poder ayudarse y así con otros casos. Pienso que ahí es donde va a estar la fuerza, no necesariamente centralizadas o dentro de instituciones, ojalá pudiéramos hacerlo. Yo creo que lo que nos toca ahora es estar muy atentos a cómo se va a ir dando todo ese ambiente y que exactamente está pasando en la escena y cómo se conforma esa escena. Porque es una escena muy orgánica, tiene unas características muy interesantes la escena de música experimental. No podríamos, para comenzar, decir que obedece a ciertos géneros, no podríamos decir esta música entra y esta no, porque tocas Rock entonces no vas a tocar en nuestra escena, es muy complejo. El hecho mismo de la experimentación con ciertos instrumentos que sean amplificados o no sean amplificados, o que se use tecnología muy de punta o lenguajes tales u otros. Es un mundo inmenso como el del circuit bending y todo, hay gente interesada ahí y ni si quiera por la música, sino porque le interesa hacer cosas que quizás de niño no poder hacer con sus papás, de hacer circuitería básica. De un momento a otro descubre el sonido y el sonido es un resultado no planeado; entonces eso es lo rico, lo interesante, es algo que nos sorprende.

¿Qué nos recomiendas escuchar o conocer?

Bueno, hay muchos colectivos en Costa Rica que yo conozco. Centro América todavía sigue siendo un territorio bastante fragmentado, difícil de explorar, pero maravilloso. Estoy entusiasmado de seguir explorándolo y ver qué cosas se pueden lograr. Guatemala es un país que también promete y se ha venido dando un cierto movimiento. Nicaragua también tiene su gente, Panamá de alguna forma, pero son cosas muy esporádicas. Pero en Costa Rica, que es mi país, está Extremos Sonoros, que tiene es un festival que tiene una programación anual y que hacen muchos conciertos. Después están algunas iniciativas que hace Susan Campos con la Universidad de Costa Rica. Está Translab que hacen sus conciertos de vez en cuando. Creo que esos son los circuitos y hay uno nuevo que se abrió que se llama El Triángulo en San José que también hace una serie de toquines de vez en cuando en arte sonoro. Poco a poco se va abriendo. Hay gente que viene de afuera, hay una chica que es muy interesante se llama Paulina Velásquez, es mexicana costarricense y de vez en cuando va a Costa Rica y se hacer algunas jornadas. No hay nada muy puntual, así como con fechas. El que más conozco es el de Extremos Sonoros.

 

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