Marcas, consumo y capitalización de ideologías

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Por: David Yépez Valencia

Tengo un conflicto con las personas convertidas en marcas y con la capitalización de los discursos progresistas, pero asumo que es la única forma en la que el mundo se convertirá en un lugar más, ¿justo? No llego a tener claro si cierta parte de la población despertó un nuevo nivel de conciencia pro-liberación mientras la otra se mantiene anclada al rechazo o si ambas se complementan en base a la provocación para mantener esa histórica, antagónica y muy redituable lucha de ideologías, orientaciones, etnias y credos.

El fin de la especie humana será el conflicto, como ese conflicto que yo llevo incrustado en contra la gente como marca, esas insignias de una guerra que arraiga ese mismo conflicto en los distintos ideales de los séquitos de fieles de cada corriente mientras sus estandartes cubren sus mesas con billetes de cada batalla ganada que enfrentaron “a favor” de los derechos de su bando; la izquierda contra la derecha, el bien contra el mal, el progreso contra la tradición.

Divide y vencerás. Sí, esa vieja táctica del imperialismo, el resumen de una intervención política y social a favor del poder y del capital. Entonces, ¿la vida es solo un negocio? ¿Pues cuándo en la historia se ha tratado de algo más?

¿Y qué hace una reflexión como esta en un portal de música? Creo que nada más intenta cuestionar el simple hecho de vivir en un mundo que finalmente se resume en el consumo y que ese factor, deliberadamente, ha hecho que muchos artistas adopten una postura progresista que no siento del todo honesta; no sé si sea muy plausible encontrarse con una proliferación de falsos discursos abiertos a un cambio ideológico tan profundo, creo que ese exceso de liberalismo torcido potencia el nacimiento de esa contra parte ultra conservadora que muchas veces agita la bandera de la violencia para rescatar los valores tradicionales. En ese sentido, no distingo si hay una fuerza del bien puramente intencionada y me temo que no podré aplaudir ningún discurso artístico a favor del progreso que esté fundamentado en una lucha únicamente visible a través de filtros de Instagram e imágenes coloridas potencialmente capitalizables.

Y sí, el resumen de esto se encuentra aquí, en el tiempo que nos hemos tomado para cuestionarnos qué hay detrás de ese discurso de “bondad” que decidimos consumir.

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