Entrevista con Julián Woodside: “La creatividad tiene que dialogar”

¿Háblanos acerca de tu trayectoria profesional?

Me llamo Julián Woodside, soy académico, ensayista, investigador, que trabaja temas de cultura y medios, pero sobre todo temas relacionados con música y sonido, sobre identidad, memoria colectiva, pero también sobre las industrias colectivas. También un poco sobre la retórica y las poéticas sonoras que se pueden desarrollar a partir de eso. Más allá de lo que uno estudia en la infancia de tocar la flauta, no tengo una formación musical académica en ese sentido, pero como yo ya escribía en revistas de música. Cuando me decían es que tú no puedes hablar de música porque no eres músico, pues cómo si en otro lado me están pagando por escribir de música. Entonces empecé a desarrollar lo que sería una semiótica musical, con el tiempo me di cuenta de que mi aproximación no era semiótica musical, sino más bien una semiótica del sonido aplicada a la música. A la par de todo eso, también hacía edición de audio para cortometrajes de proyectos amigos en la carrera estudiando comunicación. Me pedían de repente todo lo de radio, lo edité en mis grupos de trabajo y me dedicaba a proyectos de sonido cuando eran proyectos de cine o de televisión. De alguna manera, tenía esta aproximación tripartita a la música y al sonido, que era lo relacionado con su aplicación, edición, postproducción en lo cinematográfico y radiofónico, teóricamente con esta semiótica de la música y del sonido y por otro lado, reflexivo en cuanto a lo cultural social, a partir de lo periodístico.

¿Qué es para ti la música experimental?

Es un tema y lo hablaba hace poco, porque por un lado está la experimentación como la definición de diccionario que sería más bien explorar, experimentar, transgredir de alguna manera ciertos límites o jugar con los recursos que se tienen para crear algo. Experimentar también es ingenio, pero, por otro lado, también hay la experimentación como un género experimental sonoro; así como la pintura. De repente le pregunto a mis alumnos: “piensen en una pintura experimental”, todo el mundo piensa en un Pollock; asociamos ciertos gestos, ciertas prácticas, ciertas expresiones con la experimentación. Lo mismo pasa en lo musical, de pronto cuando alguien piensa en experimentación sonora musical, piensa en efectitos, drones, texturas, mucha reverberación, mucha disonancia, aleatoriedad, etc., pero lo curioso es que ya de alguna manera, eso es un género, un formato, un esquema de expectativas, hablo un poco de teoría literaria, de cómo crear algo. Es un poco como en los 90 cuando se hablaba de alternativo en la música, era una alternativa musical, pero se vuelve un estilo o el indie que era una forma de difundir la música y después ya se vuelve un género con The Strokes y con todos estos grupos. Pues en la experimentación también hay artistas que se dicen yo soy experimentador sonoro, ya lo ven como una expectativa y como una convención. Creo que de alguna manera, esas serían como las dos perspectivas en las que podamos entender experimentación y que hay experimentación en el pop y en lo más comercial, superficial, porque están todo el tiempo buscando innovar discursos, incorporar otros discursos, reconfigurarlos con fines comerciales. Por otro lado, está el ámbito que se dedica a explorar sobre las poéticas del sonido, que es de alguna manera experimentar sobre el sonido.

Es curioso porque hay distintos gremios, contextos culturales o campos culturales y cada uno tiene sus reglas y luego son celosos. No se puede hablar de una sólo experimentación sonora o experimentación musical, hay distintos ámbitos y aquí en México hay varios. En ese sentido, es curioso porque lo que entra en común con todos, cuando se sienten invadidos por alguien que no es músico o no es experimentador sonoro, etc., es decir: “es que tú no creas”, “es que tú no haces”, “es que tú no eres músico”, “es que tú no estudiaste música”. Si bien hay un sector que es músico, que estudia música que crea desde una formación disciplinar, yo siempre he dicho que le hablo a ese 99% de la población, que no tiene esa formación profesional, pero que al mismo tiempo aprecia, disfruta, conoce o reconoce, etc.

Hace poco hice un texto para la casa de las Américas en Cuba, que era una panorama de la industria musical en México. Normalmente cuando piden esos textos, la gente habla de rock, pop, alternativo, electrónica, hip hop, lo que yo le llamo música popular alternativa. Pero yo, al contrario, contemplé en este mapeo contemplé en este mapeo de la industria musical lo más experimental, el noise, el jazz, free-jazz, pero también banda, regional, salsa, cumbia y entender que todos están tomando cosas y están definiéndose discursivamente a partir de los otros. Cada uno a su vez es nicho y discriminan a los otros. De alguna manera, me ha interesado eso, explorar esas vertientes y, al mismo tiempo cuando escribo, tenerlo presente para problematizarlo más allá de ese nicho en el que me podría especializar y entender que es mucho más complejo. Al final el músico más experimental, el músico regional y el de salsa van a las tiendas del centro a comprarse micrófonos y amplificadores; entonces son parte de una misma industria sonora, musical o como queramos definirla.

¿Qué opinas acerca de la escena experimental latinoamericana?

Creo que la respuesta implicaría muchas aristas, de entrada por cuál escena o cuál industria experimental, porque son muchas, algunas dialogan otras no. Hay variables geopolíticas, geoeconómicas importantes. No podemos negar que hay países que son más dominantes discursivamente y que la gente voltea a ver más, como puede ser México, Argentina o Brasil, pero de repente en Perú hay cosas interesantes de experimentación y de noise, en Ecuador el tema de la electrónica tiene cosas bien interesantes. Hay un montón de matices que no se dicen, porque la gente tiende a hablar de sus amigos y ya. Hay largas tradiciones en Argentina, en Brasil, de experimentación sonora, mucho desde lo académico, también aquí en México. Dentro de todo eso, hay un tema que atraviesa todo que es está tensión entre un arribismo, colonialismo cultural y una búsqueda constante por explorar las raíces. Hay una tensión entre nacionalismos y cosmopolitanismos que si vemos la historia de la música latinoamericana, todos los países hemos vivido lo mismo porque históricamente tenemos la misma historia. Siempre ha habido el compositor académico que buscaba reparar ciertas raíces y aquel compositor académico que buscaba sonar como Europa o Estados Unidos, y eso pasa en la academia, como en el pop y en la electrónica. Creo que resultan los aspectos más interesantes cuando los que eran un poco arribistas, redescubren lo local. Si el nicho se mantiene endogámico, pasa con la estirpe de sangre y la creatividad ya no llegas a más. La creatividad al final de cuentas tiene que dialogar con cosas de afuera. De alguna manera, siento que en Latinoamérica, sobre todo desde finales de los 2000, sí ha habido una integración interesante y al mismo tiempo un reconocimiento de “no seamos tan fundamentalistas”. Sigue habiendo fundamentalistas, pero vamos a pasárnosla bien.

Me acuerdo cuando fue el décimo aniversario de Ruido Horrible que tocó el proyecto de un amigo, un ensamble de noise y experimentación, y en algún momento algo pasó y alguien dijo “toquen la Negra Tomasa”. El bajista se pone a tocar eso y de repente todos le siguen un poquito y luego empieza lo brutal. Está chido, es válido. Si viviéramos 24/7 con puro ruido tampoco apreciaríamos los matices de otras formas de contar y de expresar cosas. Lo mismo que si solo escuchas pop, tu lenguaje se vuelve reducido en este sentido.

¿Cuál es la utilidad de las comunidades digitales?

De nada sirve que estés en todos lados si no estableces vínculos. Es algo que también lo he planteado académicamente. Lo hablamos antes de la entrevista con un colega que vino de Perú, de repente, volteamos tanto a Europa a Estados Unidos y ya hay redes históricas y simbólicas a nivel Latinoamericano que no estamos reforzando en lo cotidiano. He tenido la fortuna de que he subido todo mi trabajo académico, ensayístico a redes sociales y a otras plataformas. Y resulta que alguien en Argentina, donde di unas conferencias el año pasado, había un chavo que estaba trabajando sampleo. Estaba fascinado porque estaba leyendo mi tesis a la par de que yo fui. En España me volvió a pasar. Entonces, hay que tener claro que estas plataformas son un medio, no un fin; porque luego todo el mundo está subiendo cosas, pero no dialoga con otras personas, no se establecen redes creativas. Ir por cuenta propia es muy complicado en estos ámbitos. Cuando hay tendencias artísticas, son más bien colectivos o comunidades no un individuo el que marque una tendencia, lo mismo para lo creativo. Hay todo este auge de hacer experimentación sonora con programación, pero ya se volvió un género. Tu instrumento es la computadora, pero utilizas un programa en especial o un lenguaje en particular, incluso tienes una estética para manejar las visuales. Ya se volvió otra forma experimental de encasillar, como puede ser el rock u otra cosa.

Creo que lo más importante es preguntarse: ¿Cuál es es el fin?, ¿qué es lo que quieres hacer?, si quieres aprender sobre la historia de algo, como yo hice en su momento con el sampleo que me clavé con la experimentación a nivel global y en México. Si quieres establecer vínculos. A mí me contactan artistas de otros países que quieren meterse en México. Lo que todo el mundo espera es acercarse a los medios para que los medios generen ruido y entonces tengan público. Así no se debe hacer, acércate con artistas que hacen algo similar a ti, porque va a haber afinidad en este sentido. Escríbeles en sus plataformas, fíjate en qué foros tocan. Si llega alguien de experimentación sonora más electrónica, les digo que chequen donde está haciendo Concepción Huerta sus presentaciones, o Leslie García, si algo más de bio-arte, que vean qué foros y qué medios les están reseñando. La interacción es digital, pero es una red social física, tangible. Nos hemos apantallado, ya está cambiando, pero los primeros diez años de auge de redes sociales, pensando que YouTube salió en 2005, que Facebook también salió en esas fechas, Myspace ya estaba explotando, es como si ya tengo mi perfil y ya con eso la armé. Pues no, hay que hacer su talache, hacerse presente y networking y un montón de cosas, si se quiere hacer. Sino, tienes la plataforma, creas y ahí lo tienes a tu disposición, pero entender cuáles son los alcances y al final de cuenta el logro y los objetivos uno se los pone y uno los establece.

¿Qué proyectos nos recomendarías escuchar?

No dejo de ser investigador. Lo que recomendaría es explorar si algo te gusta de tu país, busca qué equivalencias hay en otros países. Que se planteen preguntas clave y van a ver que transversalmente está presente. Desde lo más popero coincidimos a lo más brutal, transgresor, experimental. Las inquietudes creativas curiosamente han sido las mismas. Lo más interesante es que tras bambalinas, muchos de los realizadores han estado en contacto con otros ámbitos. Si bien para afuera, para el discurso podemos ser fundamentalistas, detrás en las borracheras coincide gente de contextos completamente disímiles, porque somos seres humanos y porque también antes de dedicarnos a nuestra profesión fuimos escuchas y crecimos lo que las plataformas mediáticas ofrecían y cada quien decidió construir una identidad sonora. También estar en paz con eso y decir se vale lo popero, se vale lo experimental y más bien tener toda la paleta de sabores aurales.

Video con música de José Gallardo A. "Domingo 4 de 2018" disponible en Diario de una depresión https://pueblonuevo.cl/catalogo/diario-de-una-depresion/.

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